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martes, 27 de octubre de 2009

A Serious Man: sobre el arte de ser serio


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Amy Landecker, Richard Kind y Aaron Wolff interpretan a Mrs. Samsky, el tío Arthur y Danny Gopnik en el nuevo filme de los hermanos Coen


En la pantalla negra se lee en letras blancas "recibe con simplicidad todo aquello que te sucede". La frase no podría ilustrar mejor la esencia de una historia que yuxtapone fatalismo y moralismo para revelarnos, con la precisión técnica característica de los hermanos Coen, que la vida es un camino de incertidumbre en el que el hombre se obstina por buscar la causalidad divina, científica o metafísica que podría explicar su realidad, olvidándose casi por completo de la mera causalidad humana.

Es 1967, en Minessota. Larry Gopnik, un profesor de física y padre de familia judío muy genuinamente interpretado por Michael Stuhlbarg, invierte responsablemente su tiempo explicando a sus alumnos universitarios la paradoja de Schrödinger y el principio de incertidumbre de Heisenberg mientras su mundo cotidiano comenzará a verse afectado por una serie de eventos que lo conducirán hacia una crisis existencial: problemas maritales, chantaje escolar, enfermedad de un familiar cercano, incomprensión ante sus hijos... Con el fin de hallar LAS respuestas a sus preguntas y EL significado de aquellos eventos, Larry acudirá desesperadamente con sus rabinos y abogados para sólo encontrarse con decepcionantes resultados.

Con un guión inusualmente frío, que en su seriedad encuentra las dosis de humor e ironía mínimas para hacer de esta cinta una comedia, Joel & Ethan Coen hacen uso de una narrativa sumamente refinada de que provoca más meditación que hilaridad. La situación se contrapone con su última comedia, Burn After Reading, en la que el motor primordial para la comedia era la estupidez explícita. En este sentido, A Serious Man resulta un filme más exigente – más abstracto – en el que el espectador generalmente encuentra la gracia no en los eventos per se (algunos no los observamos por completo o son irreales) sino en sus efectos. Responsable de reafirmar la atmósfera etérea que predomina en la cinta es la brillante fotografía de Roger Deakins.

Las problemáticas planteadas en la trama son por demás interesantes. A través de Larry, quien pretende tomar su vida en serio sin verdaderamente ser capaz de admitirlo o verse recompensado por tratar de hacerlo, se descifran cuestiones universales sobre la posibilidad, el determinismo, la contradicción y hasta la punición. Reveladores resultan entonces tanto el prólogo de la película como la pseudo-parábola del goy (término coloquial para una persona que no vive en la fe judía), siendo que ambas implican la existencia de fuerzas sobrenaturales que condenan nuestro destino. Así, los Coen nos muestran como Larry inconscientemente se visualiza siendo castigado cada vez que toma una decisión moralmente incorrecta (como cuando finalmente acepta un soborno e instantes después su hermano (Richard Kind) es imprevistamente asesinado), o como el propio hijo de Larry (Aaron Wolff), para nada tan serio, deberá inevitablemente enfrentarse a la fuerza de la naturaleza al salir de la escuela – finalmente el chico justo celebró su Bar Mitzvah y de acuerdo con su religión se asumió por primera vez como un adulto.

Decía yo que No Country for Old Men, incluso con toda su brutalidad, y Burn After Reading, incluso con toda su estupidez, parecían en el fondo cintas moralistas por insensibilizar o ridiculizar la conducta humana. Si bien la interpretación en aquellas ocasiones pudo sonar extraña, a A Serious Man es casi imposible no darle una lectura similar, ahora por fatalizar la conducta humana.

Suman a la película las actuaciones impecables de los personajes secundarios, los diálogos cruelmente ingeniosos, la partitura de Carter Burwell y un admirable diseño de producción y decoración realizados por quienes estuvieron detrás de Barton Fink, No Country for Old Men y Burn After Reading.


Michael Stuhlbarg intenta ser A Serious Man

sábado, 11 de abril de 2009

Musica de Película: Carter Burwell

Stream de Radio Burwell



Revisando su obra rápidamente podríamos clasificarlo como el compositor predilecto de los hermanos Coen. Para ellos, Carter Burwell es en la música lo que Roger Deakins en la fotografía. Fue el creador de las bandas sonoras de Blood Simple, Raising Arizona, Miller's Crossing, The Hudsucker Proxy, Fargo, The Big Lebowski, O Brother Where Art Thou?, Intolerable Cruelty, The Ladykillers, No Country for Old Men y Burn After Reading.

Sus partituras generalmente (y desafortunadamente) han pasado desapercibidas. Tal vez porque algunas de ellas se caracterizan por carecer de gran énfasis o por simplemente ser muy breves. Por ejemplo, creo que son pocos quienes podrían recordar la banda sonora de No Country for Old Men. En efecto, la música de Carter Burwell estuvo ahí por breves instantes (16 minutos para ser exactos) pero creo que prácticamente nadie la recuerda (indiscutiblemente un efecto bien logrado por los Coen).

Recientemente este compositor americano me sorprendió. La música de In Bruges, filme de Martin McDonagh, es probablemente uno de los mejores trabajos que le haya escuchado. Es tranquila, melancólica, misteriosa como la misma atmósfera de la película. La partitura se escucha por pequeños fragmentos a lo largo de la cinta de acuerdo a las necesidades de la historia, totalizando aproximadamente unos 27 minutos. Predominan el piano y las cuerdas. Las percusiones y guitarras eléctricas se hacen presentes justo en los momentos donde la calma de la ciudad belga es perturbada y la acción se vuelve relevante.

Otra composición que me gustó fue la que Carter realizó para Twilight. Creo que el espectador atento hubiera disfrutado y rescatado la música de este filme que fue despreciado por muchos (este año ocurre algo parecido con la banda sonora que Marco Beltrami compuso para Knowing; la partitura es muy buena, el filme es bastante malo).

Otras partituras compuestas por Carter Burwell son las de los filmes Before the Devil Knows You're Dead, Fur, Kinsey, Adaptation, Being John Malkovich y Velvet Goldmine. Próximamente escucharemos su más reciente banda sonora en Where the Wild Things Are.

domingo, 26 de octubre de 2008

Burn After Reading: la estupidez en todo su esplendor

Fatalmente absurdo, ingeniosamente estúpido, agudo y repleto de cinismo... el embrollo intrascendente sobreactuado brilla y al menos hace del último filme de los Coen una cinta que va más allá del simple "burn after watching".

La trama de Burn After Reading está dominada por personajes de pocos escrúpulos, cuyas vidas son conducidas por el mero impulso y la inevitable torpeza, a tal grado que ni los mismos órganos gubernamentales de inteligencia – claro, inteligencia siempre en términos relativos – están exentos de la imbecilidad que los Coen muy deliberadamente inyectaron a su nueva película.

Después de unos 30 minutos la cinta comienza a sumergirse en el caos y parecería que ninguna lección puede sacarse de esta comedia que destruye sensatez ciudadana. Las líneas finales intercambiadas entre un alto mando de la CIA (J.K. Simmons) y su subordinado, rematan el filme que bien podría constituirse como un monumento a la estupidez norteamericana (estupidez actual, que podría extrapolarse sin problemas a otros puntos del universo):


CIA Superior:
So what did we learn from this?
CIA Officer: Um... I don't know.
CIA Superior: I don't fuckin' know either.
CIA Officer: Not to do it again?
CIA Superior: I don't know what the fuck we *did*, but ok...

"Report back to me when... I don't know... when it makes sense!"


Las actuaciones de Frances McDormand, George Clooney, Brad Pitt y John Malkovich son realmente irrisorias y exageran algunos desperfectos de la integridad humana: vanidad, infidelidad, ignorancia, venganza. Poco hay que reprochar a estos cuatro actores, si consideramos que toda exageración histriónica fue totalmente premeditada. Tilda Swinton, en cambio, luce poco en realidad.

En los aspectos técnicos sobresale el trabajo de Emmanuel Lubezki, quien relevó al director de fotografía predilecto de los Coen, Roger Deakins (Deakins fotografió todas las cintas de los Coen desde 1990). La banda sonora de Carter Burwell introduce el sentimiento de intriga y explota con percusiones justo en los momentos más intensos.

Burn After Reading es finalmente una sátira superficial y ridícula, en la que la sutileza es inexistente, ubicando al filme a 180 grados de No Country for Old Men. Eso no la convierte precisamente en una terrible película.


domingo, 8 de junio de 2008

Brad Pitt en el gym ...con Frances McDormand

Se llama Burn After Reading, la nueva entrega de Ethan & Joel Coen quienes resultaron multipremiados con su cinta No Country for Old Men. En esta ocasión, los hermanos Coen vuelven al género que los caracterizó por mucho tiempo: esa comedia enredada de humor negro, centrada en el crimen. Así vimos su elegantemente graciosa Fargo, y posteriormente, The Big Lebowski, O Brother Where Art Thou?, Intolerable Cruelty y The Ladykillers.

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Brad Pitt en su traje de instructor de gym. Frances McDormand, adorable como siempre.


Acabo de ver el trailer, que se puede descargar por iTunes aquí. La cinta es protagonizada por un par de empleados de gym que son interpretados por Brad Pitt y Frances McDormand –– Frances se convirtió en una de mis actrices preferidas después de verla como policía embarazada en Fargo, y luego en Wonder Boys y Almost Famous. El elenco incluye también a John Malcovich, Tilda Swinton, Richard Jenkins y George Clooney, a quien ya habíamos visto en otros filmes de los Coen (O Brother Where Art Thou?, Intolerable Cruelty).


El guión, como es costumbre, es original de la pareja de directores. La fotografía estuvo a cargo del mexicano Emmanuel Lubezki, mientras que la música ha sido compuesta por Carter Burwell, creador de la banda sonora de Velvet Golmine y que otra vez repite con los Coen: No Country for Old Men, The Ladykillers, Intolerable Cruelty, The Big Lebowski, Fargo. Película R-rated, pero seguramente muy diferente a No Country for Old Men.


George Clooney repite con los Coen