Es posible que los parisinos no sean los únicos en el mundo que saben llevar vidas interesantes. Es posible que todo este plan de mudarse a Francia con dos hijos, posiblemente tres, sea algo infantil. Tal vez ella y él – April (Kate Winslet) y Frank (Leo DiCaprio) – están escapando de ese vacío que deja la frustración y el tedio profesional. Tal vez París representa hoy esa oportunidad única para sentir de nuevo, para sentir realmente. No lo sé, a veces parece tan irreal, tan inmaduro, tan irracional. ¿Acaso no sería mejor reducir esta idea a sólo un sueño?
¿Por qué escapar?, se pregunta John (Michael Shannon), un matemático de look institucional con problemas emocionales, presumiblemente. No es de extrañar que sea él, el símbolo del discernimiento y de la racionalidad, quien busque motivos para aquel acto desesperado que April y Frank, una pareja por largo tiempo vista como perfecta en Revolutionary Road, están a punto de cometer. John los entiende, pero está loco. Mejor que se calle y que vea el arco iris allá afuera, dice su madre, la Sra. Givings (Kathy Bates). ¡Qué bello es el arco iris! ¡Si tan sólo nos lo hubieran mostrado!
La monotonía musical de Thomas Newman y la atmósfera etérea producida por el ya tan apreciado cinematógrafo que es Roger Deakins no podrían encajar mejor para mostrar íntimamente la autopsia de una relación (¿in?)humana. Mendes la desmorona mientras el guión deliciosamente escrito por Justin Haythe, adaptado de la novela de Richard Yates, nos transporta a través de elegantes, sencillos, escenarios.
El amor naufraga, la comprensión se desvanece, el odio florece. Si estar loco implica vivir la vida como si ésta importara, entonces no importa estar completamente desquiciado. Bajo esta premisa, la ambición de un verano desemboca en una relación enferma, colmada de comprensión disimulada. Cállate, cierra la boca, aléjate, detente. Necesito pensar. Pensar. Pensar. Pensar para darme cuenta de que me he convertido en alguien insensible, para darme cuenta de que ya no te amo, para darme cuenta de que no quiero este hijo, para darme cuenta de que me cuesta trabajo entender la verdadera razón de nuestra existencia. De nuestra existencia, juntos.










