Wong Kar-Wai, el príncipe de la melancolía pop... Así han nombrado a este cineasta que nos sumerge, en My Blueberry Nights, dentro de una atmósfera nocturna, de relatos fragmentados, adornada por luces neones y fumarolas de cigarro, con descomposiciones estroboscópicas y emociones genuinas. Desde su inicio, Wong Kar-Wai nos advierte que la cinta y el amor se saborean tanto como un delicioso postre: dulcemente, pausadamente, placenteramente.
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Rachel Weisz y Natalie Portman, víctimas de Wong Kar-Wai
Para el que es su primer filme en inglés, el director elige a una cantante sin experiencia histriónica (Norah Jones), la transforma en Elizabeth (o Lizzie, o Beth) y la lleva desde New York hasta Las Vegas, pasando por Memphis en Tennesse. En su largo camino, extrañará a Jeremy (Jude Law) y a las noches púrpuras que compartió con él en su café. También trabajará como mesera y será testigo de un amor no correspondido protagonizado por Sue Lynne (Rachel Weisz) y Arnie (David Strathairn), una pareja que inmediatamente roba cámara y se lleva la película entera. Más tarde, Elizabeth conocerá a Leslie (Natalie Portman) en un casino y la acompañará durante la muerte de su padre. En su travesía, Elizabeth dejará de ser la Elizabeth que era antes y volverá a New York para encontrar un amor que no había sido totalmente descubierto.
Sí, Wong Kar-Wai se aprovecha de su espectador. La cámara parece esconderse de los personajes y un "algo" se interpone casi siempre entre el lente y los cuerpos. Rara vez el director filma a sus actores de cerca, pero cuando lo hace es para deleitarnos, por ejemplo, con un beso.
My Blueberry Nights, romanticismo que se antoja para pasar una velada agradable.
Jude Law, Norah Jones y su blueberry kiss