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domingo, 26 de octubre de 2008

Burn After Reading: la estupidez en todo su esplendor

Fatalmente absurdo, ingeniosamente estúpido, agudo y repleto de cinismo... el embrollo intrascendente sobreactuado brilla y al menos hace del último filme de los Coen una cinta que va más allá del simple "burn after watching".

La trama de Burn After Reading está dominada por personajes de pocos escrúpulos, cuyas vidas son conducidas por el mero impulso y la inevitable torpeza, a tal grado que ni los mismos órganos gubernamentales de inteligencia – claro, inteligencia siempre en términos relativos – están exentos de la imbecilidad que los Coen muy deliberadamente inyectaron a su nueva película.

Después de unos 30 minutos la cinta comienza a sumergirse en el caos y parecería que ninguna lección puede sacarse de esta comedia que destruye sensatez ciudadana. Las líneas finales intercambiadas entre un alto mando de la CIA (J.K. Simmons) y su subordinado, rematan el filme que bien podría constituirse como un monumento a la estupidez norteamericana (estupidez actual, que podría extrapolarse sin problemas a otros puntos del universo):


CIA Superior:
So what did we learn from this?
CIA Officer: Um... I don't know.
CIA Superior: I don't fuckin' know either.
CIA Officer: Not to do it again?
CIA Superior: I don't know what the fuck we *did*, but ok...

"Report back to me when... I don't know... when it makes sense!"


Las actuaciones de Frances McDormand, George Clooney, Brad Pitt y John Malkovich son realmente irrisorias y exageran algunos desperfectos de la integridad humana: vanidad, infidelidad, ignorancia, venganza. Poco hay que reprochar a estos cuatro actores, si consideramos que toda exageración histriónica fue totalmente premeditada. Tilda Swinton, en cambio, luce poco en realidad.

En los aspectos técnicos sobresale el trabajo de Emmanuel Lubezki, quien relevó al director de fotografía predilecto de los Coen, Roger Deakins (Deakins fotografió todas las cintas de los Coen desde 1990). La banda sonora de Carter Burwell introduce el sentimiento de intriga y explota con percusiones justo en los momentos más intensos.

Burn After Reading es finalmente una sátira superficial y ridícula, en la que la sutileza es inexistente, ubicando al filme a 180 grados de No Country for Old Men. Eso no la convierte precisamente en una terrible película.